miércoles, 3 de marzo de 2010



Caminar: una actividad sencilla para comenzar…
La actividad física que Ud. realiza con mayor frecuencia es caminar, una actividad libre, fácil y en la que es virtualmente es imposible que Ud. Se lesione, a diferencia de correr. Para una misma distancia (1 milla) en el mismo tiempo (12 minutos) el caminante gasta 530 calorías por hora y el corredor, 480.
Además de llevarlo a donde Ud. quiere ir, caminar es la manera más sencilla de ponerse en forma. En EEUU ocupa hoy el primer lugar en actividades populares fuera del gimnasio.
Muy pocas personas caminan con soltura y ahorro de energía. Si Ud. quiere caminar mejor preste atención a la forma en que lo hace ahora. ¿Se balancea de un lado a otro? ¿Salta de abajo hacia arriba? ¿Mece sus brazos innecesariamente? . Todos estos movimientos son improductivos, y además, consumen más energía de la que realmente necesitan. Un andar taconeado puede proporcionar un buen trabajo cardiovascular, pero causará un desastre ortopédico de manera que caminar a los saltitos es un modo riesgoso de hacer ejercicio.
Suavice su andar. La forma en que Ud. . camina deriva en gran parte de la forma en que se sostiene a sí mismo. Si su cabeza cae y su pelvis se inclina hacia delante, afectara el resultado práctico y el estético de la acción de sus brazos y piernas. Sus viceras salen hacia delante, fuera de la cavidad pélvica, y al presionar contra la pared abdominal hacen que se pronuncie su abdomen. Mientras más débiles sean sus músculos abdominales, mayor será su barriga. A menos que Ud. Realmente sea gordo, puede tener una cintura más esbelta manteniendo simplemente sus intestinos dentro de la cavidad pélvica. Contraer los músculos de su abdomen para elevar la pelvis hace que ésta se nivele.
El siguiente ejercicio ayudará a interpretar mejor este concepto: Elija un lugar de una cuadra de distancia, preferiblemente donde haya vidrieras y pueda observar su propio reflejo. Cada vez que pase por esa cuadra adopte la posición correcta y manténgala mientras camina.
Levante un poquito el esternón aproximadamente un centímetro. Su pelvis se nivelará automáticamente. Sus hombros caerán naturalmente hacia los lados. Su cabeza reposará derecha sobre sus hombros. Ud. Se verá caminando mejor.
Cuando empiece a caminar, tome conciencia de su actual nivel de tensión. Luego aumente gradualmente la tensión de su cuerpo, contrayendo los músculos mientras cuenta hasta diez. A continuación, afloje la tensión mientras cuenta hacia atrás hasta cero. Al final de la cuenta deberá estar bamboleándose, casi cayéndose. Ahora aumente la tensión un grado o dos hasta caminar con solltura.
Al llegar a este nivel de tensión Ud. Se notará más flexible y verá que todos estos años ha estado caminando forzadamente.
Empezará asentir de dónde viene el movimiento. Lo primero que captará es que su paso es conducido por el músculo anterior del muslo, el cuádriceps, que lleva su pierna hacia delante. Luego notará una flojedad acrecentada en sus caderas: es la clave de un movimiento eficiente durante la marcha. Si exagera este girar de las caderas producirá un notable incremento en la longitud de sus pasos.
De esta forma su caminar será menos traumatizante porque, además de sus tobillos y rodillas, sumará a su andar un tercer absorbedor de golpes: la rotación de sus caderas. Esta amortiguación añadida a su marcha le permitirá mantener su centro de gravedad en un plano más uniforme, eliminando así todos los movimientos de ascenso y descenso antifuncionales.
Como efecto de todo esto aumentará la velocidad. Si pudiera mantenerla a rezón de 50 m. por minuto, durante una hora, comenzará a promover la pérdida de grasa, (100 a 300 cal/h), la tonicidad muscular y la buena función del corazón y los pulmones, tal como sucede con la natación, el ciclismo o la gimnasia aeróbica.


(del libro Su Majestad el Cuerpo Beas ediciones año 1993) – autor Daniel Luis Pinter

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